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jueves, 26 de enero de 2017

Transitando entre sistemas


De puertas para dentro me alucina la cantidad de palabras que pueden llegar a emplearse en las redes, (para un público duro, ya que estamos llenos de conceptos lógicos y razonados),  para advertir que la construcción de la vida está dentro de uno e invitarnos a mandar a la mierda a todo aquello que nos induzca a pensar que las cosas (el Estado, etc), nos van a devolver identidad y esencia…. Pero si ya no se sustentan en nada!!!!. Los poderes que nos han gobernado (política, ciencia, religión, economía), ya han dejado de tener sentido por haber perdido la credibilidad. Han perdido su crédito, por  milenios sustentado en una inteligencia mentirosa por estar llena de contradicciones, hasta llegar al absurdo presente  que hemos creado entre todos.
El sistema se muere y a la vez, tenemos pánico de lo que pasa en estos momentos de trance porque no tenemos ni idea de cómo va a ser el desenlace, ni cuánto va a durar su lucha por sobrevivir, ni qué será capaz de hacer para lograrlo. Mientras tanto hemos de estar atentos, porque al igual que cualquier moribundo que no tiene paz, y que no sabe aceptar su destino mortal, va a intentar vampirizar la energía humana a su antojo, con capricho, sin ética, ni respeto, ni benevolencia. Perdemos el tiempo miserable mente intentando comprender intelectualmente este proceso que sólo se entiende después de no entenderlo, y aceptarlo. He hecho unos cuantos acompañamientos terminales, y sí, el trance es duro, la energía densa, la atmósfera grave, pero es  inevitable.  Hay que pasarlo.  Mantener la esperanza cuando ya el cuerpo y el halo de vida que lo hace estar vivo lo ha abandonado (en el caso del sistema somos los propios humanos los que hemos hecho que viva, dándole el permiso para gobernarnos) es como mantener a un moribundo enchufado a las máquinas para que mantenga sus  constantes vitales activas… mandando señales a través de las pantallas. Un cuerpo anciano,( el sistema es muy, muy anciano)  no resucita, ni vuelve a tener 20 años. Creo que lo más prudente, es aceptarlo, e ir desconectándonos poco a poco de esa tensión agónica, que nos mantiene en vilo y hacernos a la idea de que nos hemos quedado huérfanos, empezar a amortajarlo,  y hacer bien el duelo dejando  espacio libre para crear una nueva forma de movernos, y desenvolvernos en el mundo.





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