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martes, 23 de julio de 2013

De Fermin a Santiago

 Pues, sí,  tiene guasa la cosa...en los 40 días del proyecto verkami.com/projects/5909, osea Vitaminas para el cerebro me han tocado dos fiestas claves para mi. Las dos son kaotao (fiesta después de un gran esfuerzo). 

En san fermin trabajas la carrera, en el kamino de santiago las caminatas. Unas duran minutos, las otras horas, días, meses... en las dos hay vino, uvas, amigos, desfallecimientos, colapsos, límites, pupas, yagas, tropezones, días de calma y días de miedo auténticos. En las dos queriendo o sin querer acabas cantando, acabas rezando, acabas comprendiendo que la fuerza está en los pies.

Desplazas tu atención ordinaria a atenciones extraordinarias...

Me acuerdo del primer día del kamino. Lo empecé en Roncesvalles, muy temprano. Estás arriba de un monte y el albergue a 25km. cuesta a bajo en un pueblo llamado Zubiri. Mañana espléndida, colores entre árboles radiantes, un montón de babosas negras por el suelo y venga la risa y la alegría... sobre las 12 de la mañana desayunas en la última casa-bar del trayecto. Contenta por haber aguantado hasta allí sin una pega. Seguimos bajando (iba con una amiga entrenada, no como yo que cómo mucho había hecho excursiones de 5km y en la vida he sido deportista). Sobre las 5 de la tarde empieza a llover. Recordar que es bajada y en vez de camino de tierra la montaña se transforma en piedras. Los pies patinando, la mochila pesando, el saber que no queda más remedio que bajar te agobia, se me cambia la cara. Empiezo a "cagarme" en todo, maldigo el momento en que se me ocurrió empezar el kamino. A las 19 h. me quedo literalmente paralítica. Las piernas y los pies no avanzan. Llueve y me da igual. Me quedo quieta, sabiendo que no voy a quedarme mucho tiempo así. Mi amiga intenta empujarme. Yo tozuda que no ando... De normal, la gente hace este trayecto en unas 8h,  yo llevaba 12 y todavía ni una flecha del pueblo. Las 21h, ya de noche y nosotras en el monte bajando piedras mojadas. El estado de ánimo es brutal. Creo que ahí comprendí lo del mal genio del santo... le llaman el hijo del trueno y truenos es lo que había en el cielo.

Al final llegamos al albergue a las 22h + o -. En el albergue nos dicen que no hay ni camas ni duchas. Allí ya me muero, salgo a la carretera y quiero ir en taxi a dónde sea. Pero quiero parar. No hay taxis. Arrastrándome llegamos a una fonda y nos dan de comer. En estos momentos ya no tengo ni cara, ni carácter ni nada. Solo el enfado me hace moverme... volvemos al albergue y les digo que me dejen un trozo de suelo. Al final, no se como, nos dieron dos literas. El lugar atiborrado, las duchas infinitamente sucias... ya habían pasado por allí todos los peregrinos que ahora dormían. Todo daba igual. En la horizontal, mirando los muelles de la litera de arriba solo se oían ronquidos. Nunca olvidaré la bajada (las uñas de los pies negras después de la fuerza que tuve que hacer para no romperme nada)... 

Así empecé uno de los viajes más sorprendentes de mi vida. 

Os dejo una foto de un símbolo del kamino que guardo en mi cocina.
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